Periodista y Escritor
Pablo McKinney
Inoculado de política desde la infancia. Admirador de los dignos derrotados, romántico empedernido, pendejo con Club y todo, pero sin excesos.
Confiesa que no ha hecho más que caminar por la vida con el único fin de tener qué contar, y cuenta y escribe por la amistad, por sentirse socialmente útil y porque algún día las mujeres que entran a la oficina y visten de fucsia lo quieran.

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miércoles
03mar2010

La dulce venganza del ejemplo


 
            ¿Qué puede explicar la nueva moda nacional de publicar libros para homenajear la muerte, celebrar el llanto, justificar el oprobio sin ningún cristiano ni ateo arrepentimiento?    
     Pero, don Radha, ¿y de dónde han salido estos demonios tan dispuestos a sobrevolar tristes tierras que alguna vez ellos mismos inundaron de tanta sangre?
            ¿Por qué de un tiempo a esta parte, se ha envalentonado la cobardía de los que mataban como oficio a los valientes, los que violaron por no aburrirse, torturaron por divertimento? ¿Lo recordará Ramfis en algún lugar del infierno?
            Este festival de oprobios celebrados, quizás tenga que ver con los repetidos fracasos de las fuerzas sociales del país en establecer una democracia de justicia social e igualdad de oportunidades, democracia de ciudadanos y no de electores de compra y venta que siempre digo, y que ahora apesta.
            Quizás sea, porque, liberado el país de la presencia siniestra del tirano, aquí siempre ha habido una negociación, un compadrazgo, unas malditas colindancias que ha evitado que se haga justicia y ha provocado que al final “siempre ganen los mismos y nunca hereden los desheredados”. Es innegable el hecho: De nuestra democracia, lo que más ha avanzado, excepción hecha de la libertad, ha sido la democratización del latrocinio, la pluralidad de los nombres y apellidos dedicados al robo desde el Estado o con el Estado. Y ni hablar de la seguridad ciudadana, que este es de los pocos países del mundo, donde un ciudadano a la medianoche teme más al encuentro con una patrulla policial que con una banda de “tígueres” barriales. !Joder!
            Entonces, en lo que reprochamos este renacer literario del trujillismo más degenerado, el de las muertes y las violaciones, a ver si también nos ocupamos cada quien en lo suyo de aportar para construir una verdadera democracia, tan auténtica y civilizada que no sea posible ni rentable escribir libros de odas al horror y la sangre. Y una M que no es de miércoles, don Radha.
            Neguemos a los Trujillos, a Balaguer y a los secuaces sustentadores y justificadores de sus crímenes, no sólo desde las palabras, las canciones, sino también y sobre todo desde el ejemplo. La venganza del ejemplo, eso.
            Los horrores de los Trujillo-Balaguer se conocen, a ver si ahora damos a conocer y demostramos nuestro compromiso con el bien, la honestidad personal y la democracia más verdadera.  Dulce venganza la del ejemplo.
           

lunes
01mar2010

Símbolo nacional de la muerte


 
            Juristas, artistas, intelectuales, políticos y fontaneros aseguran que a la señora Angelita Trujillo no se le puede ni debe prohibir la venta de su libro en el país, y tienen toda la razón. Yo opino lo mismo. 
            A la muy señora de mis mayores desafectos, le exhorto a que venda su libro en el país. Ese es su derecho ciudadano.
            Véndalo en Cuesta o en Mateca, señora, en La Trinitaria o en los semáforos. Vénda su libro. Como otros derechos, ese también puede garantizárselo la democracia dominicana.
            Vaya usted sin temor por nuestras librerías. Hable con Hans o doña Luisa.  Puede que Virtudes le dé un buen precio para el negocio de la distribución en la isla. Anímese. Vaya, o para evitar contratiempos, envíe a uno de sus testaferros intelectuales preferidos, tan poderosos ellos. Usted comprenderá por qué tanto desprecio.
            Uno, vencido por el horror su existencia y amparado en la ironía del derrotado, podría llegar hasta al exceso de hablar con Orlando Inoa, el matero de Letra Gráfica para las próximas ediciones de su obra, conversar con Ángel Matos, presidente de MediaByte, que como es hermano mío y siempre me fía para pagarle algún día la impresión de mis libros, si lo llamo puede que le consiga algunas facilidades. Si ombe, señora. Anímese y venda su libro en el país.
            Pero, además, -(gran señora de la oscuridad, duquesa de las sombras, reina última de nostalgias atrapadaa en la fastuosidad sanguinolenta de su reinado y un vestido)- el acto de vender su libro y obtener por ese lícito negocio un beneficio,  pienso que sería para usted algo maravilloso, cristiano y sobre todo ético, ya que esos pesos  serían –posiblemente- los primeros y únicos dineros que un hijo de la familia Trujillo Martínez habrá  producido limpia, legal o moralmente en toda su vida, y además, sin manchas de sangre.
            (La muerte avasalla en sus designios a las almas fúnebres que le cantaron, ay.)
            Venda su libro, señora. Esta democracia tan papelera, tan imperfecta, tan gris y cínica, puede garantizarle eso. Incluso, hasta puede garantizarle la vida a usted y a los suyos que por algo representan el símbolo nacional de la muerte, excesos éticos, luces tristes de la democracia.
            Venda su libro, muy señora. Símbolo nacional de la muerte. ¡Ay, de Dios en su misericordia!

lunes
01mar2010

Palpitar entre la vergüenza y la nausea


 
 
            Tiene  usted razón, Ángela, su padre palpita entre nosotros.
            Y si alguien me preguntara el por qué de  tanto palpitar, le diría que se trata del maniqueísmo torpe de las religiones y las filosofías, el yin y el yan, luz y sombra, cordero y lobo, y en ese plan.
            Si Dios habita entre nosotros, lo normal y esperado es que también habite el diablo, y así ha sido, tanto, que 49 años después, aquí seguimos contándonos sus afrentas, los crímenes de su padre, señora, el lobo. 
            No sé si sabrá usted, -tan ocupada en su reinado de nostalgias-, que ajusticiado su Padre, las familias maipiolas de su régimen han seguido reinando en el país, con su jet set de gente bien, y demasiadas cropologías celebradas; que su delfín más despóticamente brillante, Balaguer, desgobernó el país entre cadáveres durante doce años, y logró que los suyos se refundieran con las caricaturas de trujillitos con trajes de demócratas, en partidos, clubes, marinas y puticlubs.
            Es triste y no debía yo confesarlo: Ustedes fueron el infierno, señora, pero nosotros no hemos sido el paraíso.
            Aquí, desde mayo 1961, desde aquel abril de 1965, aquel agosto de 1978 o de 1996, nunca se ha escarmentado a los traidores, como manda el Patricio; por eso hemos terminado en lo que estamos: en un afrentoso cambalache, una insólita descomposición social de tal magnitud, que su libro de homenaje al más cruel sátrapa de las Américas será presentado en el auditorio de una universidad dominicana, la del Caribe.
            Así de poderosos y triunfadores son ustedes: Hela ahí. Una academia que debía ser luz, presta su auditorio para celebrar las sombras, conmemorar la muerte, homenajear asesinos. Con lo fácil que hubiese sido alquilar un cementerio, reconstruir la cárcel de La 40….  Para luego ponernos a llorar en procesión y de vergüenza.
            Regrese pronto, y no tema, señora. Que Dios o el Diablo, -cualquiera de los dos- le bendiga y le proteja, y que no la mate nadie, ni la encarcelen nunca, ni le den picana, señora, que nunca le revienten los riñones, ni le violen una hija. Nuestra democracia papelera y torpe puede asegurarle eso.
            Presente su libro, regrese a sus habitaciones de otoño, y sin rubor, siga palpitándonos a todos entre la vergüenza y la nausea… como su padre, como su padre.

lunes
01mar2010

Insolencia trujillista 



 
“Sin rencor, pero sin olvido, mis hijos, sin olvido”.
Mercedes Reyes, Mama Chea, a sus nietos, hijos de las Hermanas Mirabal, algún día de noviembre de 1976, a la sombra de una mata de mandarinas en su casa de Conuco.
 

Lo de presentar un libro de Angelita Trujillo en homenaje a su padre, en territorio dominicano y con los auspicios, (¡quién lo diría!) de una universidad, fue atrevimiento, insolencia, abuso de la democracia, provocación innecesaria, cinismo del peor, gadejo del más malo, con sic y todo.
No tengo nada que decir a los Trujillo ni a sus familias maipiolas más degeneradas. Nada que decir, que la santa poesía no haya expresado ya mejor que yo.
 
Hombre preso que mira a su hijo
(Mario Benedetti)
Cuando era como vos me enseñaron los viejos/y también las maestras bondadosas y miopes/que libertad o muerte era una redundancia,/a quién se le ocurría en un país donde los presidentes andaban sin capanga.
Que la Patria o la tumba era otro pleonasmo/ya que la Patria funcionaba bien;
en las canchas y en los pastoreos.
Realmente, Botija, no sabían un corno,/pobrecitos creían que "libertad"
era tan sólo una palabra aguda/que muerte, era tan sólo grave o llana,
que cárceles, por suerte una palabra esdrújula/ olvidaban poner el acento en el hombre.(…) 
Vos sabes bien que tuve que elegir otros juegos y que los jugué en serio/.
Y jugué, por ejemplo, a los ladrones/y los ladrones eran policías/
y jugué, por ejemplo, a la escondida/si te descubrían te mataban/
y jugué a la mancha y era de sangre.
Botija, aunque tengas pocos años,/ creo que hay que decirte la verdad
para que no la olvides,/ por eso no te oculto que me dieron picana/
que casi me revientan los riñones./
Todas estas llagas, hinchazones y heridas/que tus ojos redondos miran hipnotizados/
son durísimos golpes, son botas en la cara/ demasiado dolor para que te lo oculte,/
demasiado suplicio para que se me borre./
Pero también es bueno que conozcas/ que tu viejo calló o puteó como un loco/
que es una linda forma de callar/ que tu viejo olvidó todos los números,/
por eso no podría ayudarte en las tablas/ y por lo tanto olvidé todos los teléfonos/
y las calles y el color de los ojos,/y los cabellos y las cicatrices/y en qué esquina y en qué bar,/qué parada, qué casa.
Y acordarme de ti,/de tu carita me ayudaba a callar,/
una cosa es morirse de dolor y otra cosa morirse de vergüenza./
Por eso ahora, me podés preguntar/y sobre todo puedo yo responder./
Uno no siempre hace lo que quiere/ pero tiene el derecho de no hacer lo que no quiere/.
Llora no más, Botija, son macanas que los hombres no lloran,/
aquí lloramos todos,/gritamos, chillamos, moqueamos, berreamos,/maldecimos,/  porque es mejor llorar que traicionar,/porque es mejor llorar que traicionarse,/
llorar, pero no olvidés.

sábado
20feb2010

...como todo un macho 

 
            El mundo mediático condena a Tiger Woods: El mago mundial del golf.
            La razón es harto conocida: Le era infiel a su esposa.
            A partir de la estreno de esa caja de Pandora mediática, el joven deportista multimillonario ha sido fusilado en todas partes.
            Sin embargo, porque uno ha condenado mil veces la violencia del macho contra la hembra, ha guerreado en mil escenarios defendiendo el derecho a olvidar que tiene la mujer, porque ha escrito y pronunciado bulevares en los bares de la esquina, donde Jochy, en universidades, VillaCom, y emisoras, afirmando que una mujer adultera sólo da al hombre el derecho inalienable del divorcio, (y ha citado mil veces a Napoleón, -tan víctima él de pluralidades horizontales de doña Josefina-, cuando dijo: “Las guerras contra las mujeres, son las únicas que se ganan huyendo.”); porque uno ha repetido hasta el hastío que el único rencor posible contra una hembra es un bolero, y contra un mal amor: ser feliz, o sea, pasar la página… enfrentarse de nuevo a vida, con Sabina del abrazo y algo del Serrat, Romance de Curro El Palmo, ay, don Radha, El Explorador.   Por todo lo anterior, tiene uno el derecho de, siendo coherente, aclarar algunas cosas, intercambiado el sexo de los protagonistas:       
            Digo aquí, que sorprende tanto como indigna, el morboso pelotón  periodístico y social que ha fusilado moralmente a Tiger Woods y ni siquiera ha mencionado a la principal responsable de todo lo ocurrido, que es la loca violenta que, cual macho ibérico en colalés, en vez de divorciarse de un marido adultero, le entró a palos de golf (irónicamente, el instrumento con el cual el señor ganó millones y la puso a vivir como una reina) y a punto estuvo de provocar que perdiera la vida en un accidente al huir de su histerismo de guerra.
            La noticia, el escándalo, no debió haber sido porque un hombre faltó a su compromiso de fidelidad y exclusividad sexual con su esposa, algo tan común en los matrimonios de hoy, y en ambas direcciones. 
            La falta más grave de este drama no es la de Tiger, sino de la loca histérica y hembrista de su esposa que, cual bestia machista, en vez de divorciarse se consideró con derecho a asesinarlo…. como todo un macho.