Periodista y Escritor
Pablo McKinney
Inoculado de política desde la infancia. Admirador de los dignos derrotados, romántico empedernido, pendejo con Club y todo, pero sin excesos.
Confiesa que no ha hecho más que caminar por la vida con el único fin de tener qué contar, y cuenta y escribe por la amistad, por sentirse socialmente útil y porque algún día las mujeres que entran a la oficina y visten de fucsia lo quieran.

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lunes
ene182010

Subir hasta la justicia


 
         Sólo en la dulce batalla de los cuerpos,, “bajar” es subir al cielo, pero no en política y menos en lucha contra las delincuencias todas.
         A partir de esta sana reflexión, uno pide a las autoridades competentes, (y también a las incompetentes), seguir subiendo en esto del caso Figueroa and friends.
         Tanto poder de un señor que durante diez años anduvo de paseo por el polígono central y las marinas, exhibiendo unas riquezas materiales y unas señoras que, ay, incitaban a lavar cualquier cosa, no puede terminar en un pequeño club de buenos amigos, “chicos bien” en malos pasos, que decía el sábado.
         Entonces, como cuando ustedes lean estas notas, ya las autoridades habrán presentado su informe en el ágape de esta mañana, les dejo con el pregón de moda, y no el de colar paquetes de café, sino otro más sentido y real: seguir subiendo en la jerarquía empresarial, militar, política de los implicados en el lavado nacional. Seguir subiendo.  Eso.
         Las autoridades actuales tienen el mérito de haber subido hasta donde están, cosa que las de anteriores gobiernos no habían hecho. Pero, presentado los informes, pruebas, es tiempo ya de pasar a otros niveles, a otros altares, para que toda esta celebrada tolvanera contra el lavado tenga sentido.
         Los medios de comunicación han hecho lo suyo, con sus limitaciones y colindancias, presentando al país parte del estercolero que nos invade. Pero un periodista no es juez, presidente ni guardia. Lo suyo es describir con la mayor objetividad posible, de manera responsable -y hasta a veces temeraria-, unos hechos sociales que afectan a la colectividad, ¡y punto! Es su trabajo, su aporte, ¡y ya! 
         Ahora, queda esperar que las autoridades, al contrario del dulce fornicio de los enamorados, no bajen sino que suban, que suban hasta otros altares. Las culpabilidades por tanta fortuna lavada, no se puede quedar en unos jóvenes alocados en sus autos de marca innombrable y precios impagables. Como en el amor, pero al contrario, sigan subiendo, o mejor con don Pedro: “siga el rastro goteante por el mapa/ y su efigie de patas imperfectas. /No pregunte si viene del rocío/…/ o si el clima le huele en primavera.” Sigan subiendo.

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