Periodista y Escritor
Pablo McKinney
Inoculado de política desde la infancia. Admirador de los dignos derrotados, romántico empedernido, pendejo con Club y todo, pero sin excesos.
Confiesa que no ha hecho más que caminar por la vida con el único fin de tener qué contar, y cuenta y escribe por la amistad, por sentirse socialmente útil y porque algún día las mujeres que entran a la oficina y visten de fucsia lo quieran.

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lunes
feb082010

 

La oportunidad

 

         Las elecciones congresuales y municipales pueden ser una gran oportunidad para que entre todos relancemos la democracia dominicana.

         Cada proceso electoral puede ser un desengaño, pero también puede ser una oportunidad. Por esto, propongo que apoyemos sin  reparos a quienes consideremos los mejores o menos malos candidatos para la contienda de mayo.

         No basta con rechazar, cantarles tres verdades a los impresentables -en blanco como en morado- que afean candidaturas pero ganan, y con sus victorias nos hacen perder la fe en la democracia y sus instrumentos. No. Hay que militar, apoyar lo mejor de cada casa, dando seguimiento a la hoja de vida, la trayectoria personal, los ejemplos, tomar en cuenta la sentencia popular: “De limosna abundante, hasta el santo desconfía.”

         Si por “boronear”, por ser solidarios repartiendo los recursos del Estado o los bienes generados por sus malas prácticas, si es por eso que vamos elegir a nuestros representantes, entonces, propongo aquí, que ese hombre “incomprendido” en dólares que es Agosto Figueroa, el Cristian, se entregue a las autoridades, para, con una de sus múltiples cédulas dominicanas, inscribirlo de candidato junto a otros de su calaña que ya lo son, para hacerlos legisladores o síndicos. Al fin, no sólo el tráfico de drogas es delito. Prevaricar, traficar influencias o seres humanos, no licitar cuando lo manda una ley, no presentar declaración jurada de bienes, abusar de menores, constituirse en banda para arrasar el erario, también eso es delinquir. (Y para colmo, sin los dones de Sobeyda, ay)   

         El clientelismo ha pervertido al electorado dominicano y los partidos. ¿Qué hacer cuando los peores ganan, y lo hacen más o menos democráticamente? ¿Si no funcionan las reglas de la democracia, hacia dónde vamos? ¡Pa dónde va el buey que no ara!

         Como boronean, los señores son populares como el arroz. Incondicionales al amo, no tienen conciencia de nada y son capaces de todo y, lo que es peor, la mayoría reciben el apoyo de los votantes, lo que plantea una gran disyuntiva a la democracia, cosa que trataremos en otro bulevar.

            Mientras tanto, sin importar partidos ni colores, aprovechemos la oportunidad y apoyemos ¡ya! lo mejor de cada casa.

 

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