Periodista y Escritor
Pablo McKinney
Inoculado de política desde la infancia. Admirador de los dignos derrotados, romántico empedernido, pendejo con Club y todo, pero sin excesos.
Confiesa que no ha hecho más que caminar por la vida con el único fin de tener qué contar, y cuenta y escribe por la amistad, por sentirse socialmente útil y porque algún día las mujeres que entran a la oficina y visten de fucsia lo quieran.

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lunes
jul122010

Un problema de todos

 

 

Cuando arreciaron los apagones, mil años hace, la clase media (CM) se inventó los inversores y fue tirando. Luego, con las plantas de emergencia esas élites superaron el fastidio.

El agua faltaba en ocasiones, hasta que se popularizó la cisterna y sus bombitas “ladronas”, y una vez más, la CM y alta fueron tirando.

Con la democracia, ¡quién lo diría!, comenzó a desmontarse la educación pública de calidad, pero poco afectó a los pudientes, porque el mercado educativo fue ocupado por los colegios privados. Y así enfrentó con éxito el problema.

Cuando la visita a un hospital público llegó a representar un acto suicida, florecieron las clínicas privadas de élite y los seguros médicos, y una vez más la CM y los señores encontraron solución a sus problemas.

Y así iba el país marchando, con una CM y unos señores dueños del país que siempre encontraban soluciones alternativas a las incapacidades del Estado para ofrecer unos servicios sociales que tienen ya hasta categoría constitucional. (Toda mi generación nació en un hospital público y estudió en una pública escuela. Para entonces, el servicio público en salud y educación era igual o superior al privado.)

Así marchaba el país, dividido en dos desiguales compartimentos: Uno muerto de necesidades y el otro de aburrimiento.

Los pobres mueren de hambre o falta de medicinas, los ricos de aburrimiento o depresión que es un lujo de todo aquel que tiene tres comidas, salud y educación mínimamente aseguradas.

Así iba el país, hasta que de repente viene y se nos aparece el monstruo de la inseguridad ciudadana, que era viejo en Capotillo o La Zurza pero no en Piantini o Naco.

El monstruo se aparece, baja al polígono central y nos iguala a todos.

Y así, por primera vez la CM y los señores nos estamos dando cuenta de cuánto ha sufrido el pueblo llano ante tantas sempiternas carencias.

Es el único efecto positivo del monstruo de la inseguridad ciudadana que nos abate: Nos iguala a todos en calles y semáforos.

Quizás ahora, moraítos de miedo, al fin entendamos que los problemas y necesidades del país no solo son de quienes los padecen sino de todos.  “Porque no es lo que importa llegar solo ni pronto/ sino llegar con todos y a tiempo.” Dijo León Felipe e inventó la solidaridad con un poema.

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Reader Comments (1)

Así es Sr. Mckinney, la inseguridad de nuestras calles, nos restriega que somos culpable
y aquel que hizo fortuna maltratando al de los callejones, campos y polvorientos barrios
hoy teme al salir y aunque a veces confiado salga con los escolta
no duerme tranquilo, porque el hijo, la hija o el nieto o nieta tal vez, se encuentra en la disco
o tan solo salió a buscar o llevar la novia y no está en paz hasta que llegue a casa otra vez
y como usted dice lastima que la Inseguridad en que vivimos, tenga algo a su favor, esto si lo que usted vé otros los pueden ver.

julio 17, 2010 | Unregistered CommenterAngela Bello (Médico)

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