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El amor, por ejemplo
De este libro han escrito,
José Mármol:
“Pablo McKinney tiene la singular facultad de, ya en prosa acuciosa o en distraído verso, o tal vez en la grácil combinación que de ambos recursos expresivos pergeña, provocarnos el asombro de descubrirnos vivos, de develarnos el laberinto triste del recuerdo, y por si fuera poco, desvestirnos del ropaje hipócrita que disfraza con pudor la incontenible y natural fuerza del amor y del desamor, que son una misma cerrazón en manos del azar y la dicha efímera.
Yo encontré en este libro lugares de la ciudad y espacios de mi propia intimidad por los que tantísimas veces había pasado, pero que sólo ahora reconozco como míos y puedo contemplar.
¿A qué más debe aspirar un libro frente a su lector? Con que nos deje un símbolo, un desarraigo o una imagen como experiencia, ya basta. El amor, por ejemplo. Y nada más.”
Camilo Venegas:
“El amor es el ruidoso eje de esta carreta donde Pablo McKinney nos ha montado a todos. De fondo se oyen las voces de Vallejo y Atahualpa, de Neruda y Violeta, de Gardel y Sabina. No es que poetas y trovadores vengan en auxilio del escritor; es el amor mismo que redunda como si nunca fuera suficiente. Remoto, anticuado, febril y eterno, el amor se enmascara con todas las formas posibles (versos, canciones, prosas, epigramas…) para no quedarse callado. Es que a él, como a Pablo, también le gusta que suene.”
Ángela Hernández:
"La poesía de Pablo McKinney atrae e involucra por la frescura de lenguaje, sus detalles arraigados en la cotidianidad –de época y presente- y esa moderna saudade tramada con expectación, indocilidad y regodeo".
José Rafael Lantigua:
“Creo no equivocarme si afirmo que es uno de los textos, en su conjunto, que mejor explora la avidez del amor y que mejor honra a la mujer, desde todas sus dimensiones: amante-pasión, ternura-madre, entraña filial-hija, hijos. (…)
No existen ya esos libros, donde la mujer es presentada en la mejor de sus presencias, no en los claroscuros del feminismo y en las liviandades de la frivolidad que el divismo ha fomentado.
Es ligero y tibio, amador y sensual, materia para las victorias y para los ocasos.”



